El Cuarto de Ataduras 2: Una Fantasía Erótica de BDSM

Después de la visita al cuarto de ataduras del padre de su amiga, Candice se encuentra desesperada por más. El Sr. Johnson evita el contacto con ella sin embargo, y ella comienza a sospechar que se trataba de algo de una vez. Cuando lo encuentra esperándola fuera de su casa un día se da cuenta de que la falta de contacto es solo una forma más de su tortura para acumular su deseo. Cuando él le pregunta si está lista para una segunda visita a su casa el deseo se desborda y el Sr. Johnson la apremia con otra dura sesión de doloroso amor en su cuarto de ataduras.

Este es un corto relato explicito erótico de aproximadamente 5,000 palabras. Contiene lenguaje gráfico y temas sexuales. Está dirigido únicamente a adultos que estén interesados en este tipo de material para ser visto en jurisdicciones donde su venta y disfrute no violen ninguna ley local.

Extracto:

El Sr. Johnson se dirigió a un gabinete, abrió un cajón y saco una vara de cabalgar. Tan pronto como la vio, Candice recordó la experiencia de estar doblada y esposada a la mesa en su visita precia y se preguntó su se repetiría lo mismo. El hombre se acercó y se paró frente a ella y comenzó a golpear muy suavemente con la punta de la vara en su sostén. “Quítate eso,” Dijo finalmente. Candice llevo sus manos a su espalda y aflojó los ganchos, encogiendo los hombros para dejarlo caer. La vara toco su seno denudo provocándola alrededor del pezón y golpeándolo. Candice sintió el pezón endurecerse y la punta de la vara la golpeo nuevamente pero con más fuerza. Cada golpe le provocaba más dolor y su rostro lo mostró, su respiración comenzando a escapar con fuerza mientras su pezón sufría. El Sr. Johnson trabajó pasó la vara al otro ceno y le dio un tratamiento similar al pezón. Candice estaba respirando con aún más fuerza con la mezcla de dolor y placer haciéndola exhalar. La vara de pronto latigueó sus tetas y el dolor agudo le provocó una mueva dolorosa. Sus ojos se abrieron grandes al ver la marca roja cruzando su tersa piel. El Sr. Johnson estiro su brazo y acarició la marca con sus dedos. Sonrió al calcar lo rojo con sus dedos. Era una señal certera de que la chica frente a él le dejaría hacer cualquier cosa y él la quería dominar, hacerla de su posesión para que se sometiera a su voluntad. El sentimiento de poder que le provocaba era increíble.

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